¡Ya no puedo más! ¿Qué hacer cuando quieres tirar la toalla?

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Ayer mi día empezó muy bien y, a medio día, se puso muy mal. ¿Les ha pasado? 

Desperté motivada y feliz y una serie de situaciones molestas me fueron haciendo sentir inútil, impotente, sin salida, cansada… y terminé sintiéndome pésimo, realmente harta y haciéndome esa pregunta que tanto invade nuestras cabezas en ese tipo de días nublados:

¿Por qué a mí?

La cual casi siempre va seguida de estos reclamos:

¡Ya no quiero hacer esto!

¡Me rindo!

¡NO PUEDO MÁS!

Mi berrinche ocurrió justo minutos antes de entrar a mi clase de incyling en Velocity, pero ni sudar litros de ansiedad y estrés me lograban sacar el coraje de la cabeza.

¡Estaba de malas y lo que quería hacer era comer algo que “me hiciera sentir mejor”! Lo pongo entre comillas porque ya descubrí que esa es una mentira, una trampa que me solía hacer mucho mi propia cabeza. Porque realmente nunca me sentía mejor cuando comía por enojo o por consuelo. Tal vez en el momento preciso en el que daba la mordida y tenía la comida grasosa o azucarada (que eran mis favoritas para esos momentos) sí sentía un placer, pero me duraba sólo segundos, unos instantes. Apenas acababa de atascarme y distraerme con comida y entonces me daba cuenta que ya tenía dos problemas, en lugar de uno: el primero que me llevó a comer de más y uno nuevo, el dolor de panza, la sensación de estar llenísima o la culpa por haber comido algo que me hizo mal. 

Y entonces volvía a pensar en lo que me había hecho comer para empezar. Ese problema no se había solucionado. Bueno, todo eso aprendí a verlo claramente gracias a las conferencias en vivo diarias y las terapias con el equipo de PlusVida México, el tratamiento que he estado haciendo ya desde hace 4 meses para llegar a un peso saludable y tener una relación sana con la comida. 

Gracias a eso, no me fui a atascar de puro coraje anoche, pero créeme que sí me cruzó la cabeza. Quería salir corriendo de mi clase e irme a comer todas esas cosas que antes “me hacían sentir mejor”, pero ayer ya supe identificar que eso no solucionaría nada.

No se pueden esquivar las emociones por mucho tiempo y no se pueden ahogar en malteadas de chocolate ni esconder detrás de pastas o hamburguesas… como antes lo intentaba hacer.

Las emociones hay que sentirlas, enfrentarlas e identificarlas

(eso también lo aprendí en PlusVida, obviamente jaja).

Así que acabé de sudar y pedalear durante 45 minutos con música muy fuerte y muy buena, me fui a mi casa y cené la comida saludable y nutritiva que me tocaba comer. 

Pero seguía enojada. Necesitaba escuchar algo que me distrajera y aclarara mi mente. 

Abrí YouTube y en Recomendaciones apareció un video de Tony Robbins, un life coach que admiro mucho por su manera tan directa de hablar, y que llegó a trabajar con la Princesa Diana, Leonardo DiCaprio y la Madre Teresa.

 

Me puse a escuchar un pedacito de este seminario mientras arreglaba mis cosas para el día siguiente y de repente: PUM! Dijo algo mega fuerte. Tony estaba hablando de por qué la gente le paga a los entrenadores personales y dijo que es porque ellos siempre te empujan más y más, sobre todo, cuando tú ya te hubieras dado por vencido solo porque juras que ‘ya no puedes seguir’.

Por ejemplo, te falta una lagartija, te arden los brazos, tienes entumido el abdomen y se te están venciendo las piernas, así que te quejas y pides tregua: “¡Ya no puedo!”.

Un buen entrenador te contesta: “Ah, ya no puedes? ¡AHORA HACES 6 MÁS!”.

¡Y esa última -que creías que no podías hacer y que sí pudiste- es la que te ejercita ese músculo que ni siquiera sabías que habitaba tu cuerpo!

Luego dijo: “¿Saben cuál es el mejor entrenador de todo el mundo?…  ¡DIOS!, porque cuando te dices: ‘No, ya no puedo más’, llega Dios y contesta, ‘¿Ah, ya no puedes? ¡Cómo de que no! ¡Ahí te va!'”.

¡Y es tan ciertooooo!

¡Dios, la Vida, el Universo o como cada quien le llame, pero es cierto!

Él sabe hasta donde podemos llegar y que tenemos mucho más aguante dentro de nosotros, mucho más fuerza, convicción, talento, compasión y tolerancia.

Por eso, hay que dejar de preguntarnos, ¿por qué a mí?

Mejor reflexionemos 

¿para qué?

No hay que engañarnos pensando que la comida o cualquier cosa que para nosotros sea adictiva (y a la larga, dañina en exceso) va a solucionar nuestros problemas. 

Mejor, cuando creas que ya no puedas más y quieras tirar la toalla, respira hondo y piensa: ¿esto es algo que está en mi control? Si lo está, soluciónalo. Si no, pasa la hoja y comienza un nuevo capítulo. Fluye y disfruta todos los retos y obstáculos que la vida nos pone por delante porque todos son para hacernos mejores versiones de nosotros mismos. Tal vez no lo entendemos en este momento, pero no importa porque cuando lo hayamos superado, pensaremos:

¡WOW, SÍ PODÍA Y LO LOGRÉ!

3 Comments

  1. Sara Evangelina Olvera Alvarez dice:

    El seguir tu proceso me inspira a trabajar en el mío también. Ya me apunté con una nutrióloga y estoy haciendo yoga pero sobre todo estoy aprendiendo a identificar y aceptar mis emociones en lugar de tragármelas o vomitarlas

    Un abrazo, hermosa.

  2. Nota Angel dice:

    Te admiro mucho! Me encanta leer tus artículos, no sabed lo bien que haces a las personas, sigue echando kilos y kilos de ganas que esto apenas inicia.
    Te mando mis mejores vibras ?

  3. Angel Molina dice:

    Genial Gabi!

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