¿Y PARA QUÉ QUIERO AMOR?

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No necesitas una pareja, ¿o sí?

Toda la vida me dijeron que para ser feliz, tenía que ser delgada y tener novio. Nunca tuve ninguno de esos dos mágicos elementos, crecí creyendo durante 27 años que la inexistencia del primero me alejaba aún más del segundo. Mientras más kilos se amontonaban en mi cuerpo, más lejos corría mi príncipe azul.  

Nadie nunca me habló de amor propio, de madurez emocional, de salud -física y mental-. Nadie nunca me dijo que era posible estar feliz con mi soledad, eso de la gorda feliz era tan mito como la soltera feliz. Pero yo me esforcé y logré ambos. Trabajé mucho en mi cabeza y en mi corazón para amarme en el espejo pesando 130 kilos y con disfrutar mi soledad los fines de semana en la Cineteca Nacional, rodeada de empalagosos novios de secundaria.  

Después, si ya me sigues de hace algunos meses, sabrás que fue tanto el amor propio que puse en práctica que nació en mí la necesidad aún más grande de cuidarme, de apapacharme con un plan nutricional y un tratamiento que me ayudara a controlar mi adicción a la comida, esa que me llevaba a comer a escondidas y esa obesidad mórbida que estaba acabando con mis rodillas, mi espalda y mis órganos. 

Y cuando empecé a bajar de peso, 15 kilos, 30 kilos, 45 kilos… y ese famoso príncipe azul seguía sin llegar ¡la frustración se acomodó en mi cabeza! Ese no era el trato, ¡la vida me lo había prometido! (Aunque recapacitando, no fue tanto la vida, fueron más bien algunas mujeres adultas de mi infancia, las novelas, las películas románticas, los cuentos de hadas… al final, siempre llega el príncipe azul). 

¡NO, NO BAJÉ DE PESO PARA TENER NOVIO! Pero una parte de mí, en una esquinita de mi cabeza, estaba plantada esa esperanza terca de que ese hombre ideal llegaría cuando haya bajado de peso. ¡Y lo peor es que TODO MUNDO te lo dice! 

-Uff, te ves guapísima, seguro ya tienes a miles detrás de ti. 

-Siempre has sido guapa, pero ahora que ya bajaste, todos morirán por ti. 

-Sí está padre amarse como eres, pero pues la verdad es que a la mayoría de los hombres les gustan con menos… carne encima. 

Esas tres frases y todas las que se parecían me ponían de malas porque no son ciertas y para prueba, todas las increíbles mujeres talla extra grande que están felizmente casadas o con parejas desde hace décadas, como Nadia Aboulhosn, Tess Holiday, Ashley Graham, Oprah, Melissa McCarthy, por mencionar algunas.

Pero esas frases inofensivas, que seguramente venían con las mejores intenciones, reforzaban esta idea de que algo estaba haciendo mal porque seguía sin encontrar al novio.

Por que seguro ya te la sabes: ¡Tienes una cara hermosa! ¡Eres increíble! Pero… si tan sólo bajaras esos kilitos. 

¡No es cierto!

El que te va a querer realmente, te va a querer con los kilos encima o sin ellos. 

Yo hacía tanto berrinche al respecto y no me cansaba de decirle esos a las amigas que me aseguraban que, ahora sin obesidad, tendría más pegue en el amor. 

-No- les decía yo -no me interesa gustarle a alguien que no me quiso cuando pesaba más. Soy la misma, no más bella, no más guapa, solamente mucho más saludable y disciplinada, en control de mi adicción, pero no más atractiva físicamente. 

¿Y sabes qué? Yo tenía razón. 

Porque esa pareja con la que tanto soñaba no llegó cuando bajé de peso… Él era un hombre que había estado presente en mi vida hace años, que ya me había dicho “hermosa” cuando tenía obesidad mórbida, y que me lo seguía diciendo ahora. Él no llegó mágicamente cuando la báscula cambió de número ni me quiso hasta que la talla de mi pantalón fuera menor. 

Hoy tengo novio y lo amo. Y no estamos juntos porque bajé de peso… o porque por fin mis plegarias fueron escuchadas… o porque pedí un deseo a una estrella.

Lo que cambió fui… yo. Más que por fuera, una transformación POR DENTRO.

Durante años, quería encontrar el amor porque creía que eso me daría validación, juraba que estar soltera era una maldición y que tener pareja me completaría. 

Yo no me amaba al 100%. Apenas hace un par de años empecé a trabajar en amarme a mí misma y ha sido un camino largo, y en ese camino, necesitaba enfocarme en mí, en quererme a solas, en aprender que no “tengo” que tener una pareja. Sino que QUIERO el amor de esta persona, de Él. 

No se trataba de andar con alguien porque sí, ni de besar sapos sólo para ver si alguno era “el bueno”. Es muy diferente estar con alguien porque no sabes estar sola, que compartir tu vida con alguien porque admiras a ese ser humano, porque te hace sonreír sin parar, porque cree en ti y porque ilumina tu universo…

Hoy, el tiempo me ha enseñado que estoy con mi novio porque amo su compañía, porque es un bellísimo ser humano que quiero tener a mí lado todos los días y por mucho tiempo, porque juntos somos más fuertes, porque deseo compartir mis logros y mis retos con él, porque de él aprendo y con él sueño

Y mereces ese tipo de amor, ese que no te quiere cambiar, que cree que eres igual de bella en tu foto del “Antes” que en la del “Después”, el que ama tu lado más oscuro y el que, en tus momentos de dudas, te recuerda que eres una chingona.  

NO NECESITAS SER SALVADA,

NECESITAS SER ENCONTRADA ,  

APRECIADA  Y AMADA

JUSTO POR QUIÉN ERES. 

3 Comments

  1. Eva_Grace dice:

    El amor propio es la seguridad de quien estás siendo y solo en este estado de aceptación mental, sentimental y física: ERES, y solo en este ‘mood’ (estado de ánimo) podrás brindarte sin más a ti y a los demás; por que ¡eres un ser completo y te muestras así!

  2. Laura Arroyo dice:

    Me llegó directo al alma tú reflexión. ¿Cómo trabajadte el
    Amarte a ti misma? ¿Tomaste terapia? Muchas gracias por compartir tu historia. Un abrazo

  3. Marcela dice:

    Siento que fuese yo quien escribiera esto.. bueno todavia no he llegado a la parte feliz donde encuentro al principe azul.. excelente articulo… me veo reflejada en el..

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